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La pasión por enseñar: el legado de Enrique Piña Garza

  • Foto del escritor: SNI Seguro
    SNI Seguro
  • hace 6 días
  • 3 min de lectura

Hablar del doctor Enrique Piña Garza es hablar de compromiso universitario, vocación docente y pasión por el conocimiento. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria académica, su labor dejó una huella profunda en la formación de médicos, investigadores y profesionales de la salud, consolidándose como una de las figuras más representativas de la bioquímica y la educación médica en México.


Nacido en la Ciudad de México el 21 de octubre de 1936, Enrique Piña Garza fue el mayor de diez hermanos. Aunque provenía de una familia con una fuerte tradición en el ámbito jurídico, decidió seguir un camino distinto y estudiar medicina, una decisión que marcaría el rumbo de toda su vida profesional.


Su formación comenzó en la Escuela Médico Militar y posteriormente continuó en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde encontró en la bioquímica una disciplina que despertó su interés y definiría su vocación académica. Desde muy joven se incorporó a las actividades de investigación y docencia, colaborando estrechamente con destacados profesores y participando en proyectos científicos cuando aún era estudiante.


Su carrera académica se desarrolló de manera paralela a su formación científica. Obtuvo el grado de doctor en Bioquímica por la UNAM y complementó su preparación con estancias en instituciones internacionales de gran prestigio, entre ellas la Universidad Rockefeller de Nueva York, donde trabajó junto al doctor Edward L. Tatum, ganador del Premio Nobel de Medicina. Esta experiencia enriqueció su visión científica y fortaleció su compromiso con la investigación y la educación.


A lo largo de su trayectoria fue autor de numerosos artículos científicos publicados en revistas nacionales e internacionales, además de participar en la elaboración y edición de libros de texto que contribuyeron a la enseñanza de la bioquímica en habla hispana. Su trabajo fue reconocido por diversas instituciones académicas y científicas, tanto nacionales como internacionales, y formó parte de importantes sociedades especializadas.


Sin embargo, más allá de sus contribuciones científicas, el doctor Piña Garza siempre se distinguió por su profunda vocación docente. Inició su labor como profesor cuando aún cursaba la carrera de medicina y, desde entonces, dedicó gran parte de su vida a la enseñanza. Durante décadas impartió clases a estudiantes de licenciatura y posgrado, convencido de que la formación de nuevas generaciones era una de las tareas más importantes de la universidad.


Su liderazgo también fue fundamental para el desarrollo del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina, del cual fue jefe en diversas ocasiones a lo largo de más de quince años. Participó activamente en la consolidación académica y científica del departamento, impulsando la investigación, fortaleciendo los programas educativos y promoviendo un ambiente de colaboración entre profesores e investigadores.


Además de sus responsabilidades académicas, ocupó importantes cargos universitarios, entre ellos Secretario General de la Facultad de Medicina, Director General de Estudios de Posgrado de la UNAM y diversas posiciones relacionadas con la gestión académica y la investigación científica. En cada una de estas funciones mantuvo una visión orientada al fortalecimiento de la educación superior y al desarrollo de la comunidad universitaria.


A pesar de sus logros como investigador y administrador, el propio doctor Piña Garza reconocía que su mayor satisfacción provenía de la docencia. Consideraba que la enseñanza había sido el eje central de su trayectoria profesional y la actividad a la que dedicó mayor esfuerzo y entusiasmo. Esta vocación le valió importantes reconocimientos, entre ellos el Premio Universidad Nacional en el área de Docencia en Ciencias Naturales.


El legado de Enrique Piña Garza trasciende los artículos científicos, los cargos académicos y los reconocimientos obtenidos. Su verdadera contribución se encuentra en las generaciones de estudiantes y profesores que formó, inspiró y acompañó a lo largo de su carrera.

Su historia es ejemplo de cómo la pasión por el conocimiento, el compromiso con la educación y la dedicación al servicio universitario pueden transformar vidas y fortalecer instituciones. Por ello, su nombramiento como Miembro Emérito representa un reconocimiento a una trayectoria ejemplar y a una vida dedicada al desarrollo de la ciencia y la formación de profesionales comprometidos con la sociedad.

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